14 de marzo de 2024
Talla, cepillado y encerado: acabados que respetan la madera
Del formón a la cera de abejas, paso a paso
El acabado de un marco empieza mucho antes de la cera. En el banco se coloca la pieza con la veta a la vista y se decide por dónde entra el formón: si el motivo será geométrico, con cortes rectos y repetidos, o si conviene una línea ondulada que acompañe el dibujo del bordado. La gubia trabaja en ángulos cortos y retira virutas pequeñas, casi siempre en el sentido de la fibra, porque forzar la herramienta contra la veta abre grietas que luego se notan al encerar.
Cuando la talla está terminada, llega el cepillado suave. No se trata de dejar la superficie plana como un tablero nuevo, sino de alisarla lo justo para que la mano no encuentre rebabas sin borrar el relieve que se acaba de tallar. Se pasa el cepillo en la dirección de la fibra, con pocas pasadas y presión ligera, y se repasa con lija fina solo en los bordes. Si el marco va a recibir tinte o aceite, este es el momento: la madera todavía está abierta y absorbe de forma pareja.
El encerado se hace por sesiones cortas. Se mezcla cera de abejas con aceite de linaza, se aplica con un paño de algodón y se deja secar antes de la siguiente capa. Varias capas finas dan un mate profundo y dejan que la veta siga leyéndose; una sola capa gruesa apaga el dibujo y acumula restos en los rincones de la talla. Con el tiempo, el marco puede recuperarse con un paño y un poco más de cera, sin decapar ni lijar de nuevo.