El marco no se entrega en cuanto sale de la sierra: entre el corte y el momento de colgarlo hay una secuencia de pasos que garantizan que la labor textil llegue intacta y que la madera encerada no sufra marcas por el camino. Estas son las etapas que seguimos, con lo que se revisa en cada una y lo que conviene tener en cuenta al recibir la pieza.
Antes de cerrar el paquete, el panel se coloca en el marco y se verifica que quede centrado respecto al hueco interior. Se ajusta el sistema de sujeción posterior para que no ejerza presión sobre la tela, algo importante en bordados antiguos o en piezas con hilos tensos. Si el bastidor original venía con el textil, se retira y se guarda junto al marco para que puedas conservarlo.
Cada marco se envuelve primero en papel de seda y después se refuerzan las esquinas con cartón rígido, que es donde el peso y el roce podrían marcar la madera encerada. Se añade una etiqueta escrita a mano con el tipo de madera, el acabado aplicado y la fecha de montaje, de modo que puedas identificar la pieza si más adelante quieres renovar la cera o compararla con otro encargo.
El transporte se organiza por mensajería con seguimiento, y para piezas de gran formato se acuerda una entrega en mano dentro de la zona del taller, ya que el volumen hace poco práctico el envío estándar. Al recibir el paquete, conviene desembalar sobre una superficie limpia y dejar que la madera respire unas horas antes de colgarla, sobre todo si ha viajado en un ambiente frío o húmedo.
Junto al marco se incluye una nota con indicaciones sencillas: evitar el sol directo sobre la madera encerada, limpiar con un paño seco y renovar la cera cada cierto tiempo según el uso. Son gestos mínimos, pero marcan la diferencia entre un marco que se apaga con los años y uno que gana carácter a medida que la veta se asienta.