Antes de que un marco salga del taller, pasa por una revisión manual que no depende de listas rápidas ni de promesas generales. Conviene aclarar algunos puntos para que nadie espere de esta página algo que no ofrece.
El acabado se juzga con la mano, no con una foto
Recorremos cada canto buscando fibras levantadas. Si aparecen, se lijan otra vez con grano fino y se vuelven a encerar en capas delgadas, dejando secar entre una y otra. El brillo final debe ser mate y cálido, nunca pegajoso al tacto. Ese criterio no se puede comprobar a distancia: por eso no enviamos valoraciones de acabado sin la pieza delante.
Las esquinas y las vetas se revisan juntas
Apoyamos el marco sobre el banco para confirmar que las uniones queden a escuadra y que las vetas de las cuatro piezas dialoguen entre sí. Una esquina correcta pero con vetas que se contradicen se desmonta igual. No hay atajos aquí: si el conjunto no convence al ojo, se vuelve a empezar.
El montaje se prueba con tela, no con teoría
Antes de dar por bueno un sistema de montaje, lo probamos con un retal de grosor similar al bordado real. Así verificamos que no haya holguras ni presión excesiva sobre la labor. Este paso no sustituye las indicaciones de envío ni el flujo general de trabajo, que se explican en sus propias páginas; aquí solo se comprueba el asiento del textil.